viernes, 19 de agosto de 2011

Instrumento para el talento de Silvia

Agarraba la mochila gris entre otras caras, una que costaba 400 o 500 pesos. ¿Sabes tú si era una montaña de mochilas o una tienda? Bueno, hacíamos fila e íbamos subiendo hacia algún lado. Me cayó el veinte que me había enrolado en el ejército, atrás de mí estaban Silvia y Nabil. Nabil le decía a Silvia: Al menos completarás para comprar ese (aparato, instrumento musical, caracola electrónica).
Silvia contestaba con su buena onda: Sí, ya sé.

jueves, 11 de agosto de 2011

Assault

Era Ruperto Martínez oscura. Salió un hombre de unos 30 años preguntándome por qué no seguía caminando por ahí. Traté de seguir por una calle que bajaba hacia la luz y el hombre me caminaba tras de mí. Tuve miedo. Mi mochila y mi bolsa negra eran como un botín bonito. Me extraña porque jamás había sido así, sino todo regido bajo el lema "No dependo de nada material, no dependo de nada material". La siguiente avenida estaba llena de luz y subiéndome al camión, me quitaron mi bolsa y otras cosas que traía en la mochila. Me bajé horrorizada. Era el bosque y estaba Manuel ahí, con un letrero de "Hey, Elisa" y había gente, familiares, mis padres, etc. que me apoyaban. Mi corazón seguía bombeando asustado.

Pie

Estaba roto. Era el derecho. Se había quebrado a lo largo, luego a lo ancho. No importa, lo tenía molido. No supe cómo había pasado, sólo que ya lo tenía así, y me dolía. Intenté llorar. Intenté caminar y lo arrastré y me asusté porque me había movido, cuando te quebras un hueso no te mueves y yo caminé. Vi que no era verdad después de todo, mis dedos con ritmo allá abajo, los cinco, parecían felices.

viernes, 29 de julio de 2011

Loco

Me metí a un desfile de gitanos y de cirqueros que iban caminando por Cuahutémoc en un día nublado. No sé que tan mariwas andaba que acabé debajo de la Macro y debajo del Edificio de los Médicos, desde el cual estaba Toño devisando todo el panorama. Dejé a los elefantes y a los payasos y acróbatas seguir su curso, con todo el ruidazo. Y ahí estaba hablando con Toño. ¿Por qué? No sé, pero, juntos vimos una fuente extraña y ahí estabas tú con tu pelo enmarañado hablando con alguien, tú con tus mismos ademanes de niño chiflado. Hubiera corrido a abrazarte, pero no te saludé siquiera.

miércoles, 13 de julio de 2011

En el baldío

Estaban torturando a dos hombres amordazados. Era un baldío al que se podía acceder por varias calles y ninguno de los vecinos parecía notar nada extraño. Vi dedos, pedazos de extremidades en putrefacción. A dos cuadras yo señalé uno de los tugurios fraudulentos. Era una pequeña cantinita y nos podían ver desde ahí. Había un letrero en el tercer piso, era borroso. Estaban Manuelillo, Elee y era el Hipermarth de noche. Fue tan extraño. Era esa nostalgia de vivir sólo una vez ciertos momentos hermosos.

En la casa de Toño

Iba a la casa de Toño, aunque la fiesta estaba arriba yo me quedé a dormir en una habitación en el segundo piso, estaba más grande que la de él, cabían dos camas matrimoniales y a la vez era una individual. Hay dos episodios, en el primero me encuentro a You-Know-Who, que también fue a la fiesta, se quiere dormir justo donde yo me acosté para no subir con la comitiva y roza levemente mi glúteo: yo armo un escándalo. Ahora, imagínate unos 40 minutos de reflexiones sobre el tema. Se traslapa con el episodio donde le robo a Monse su abanico negro y lo desmadro. Aparece Lali y me dice: no importa, Elisa, puedes componerlo con un alambre, mira, así: y me pasa un alambre dorado, pero el abanico queda horrible. Por la habitación de Toño pasa una viejita, esa escena me recuerda a la librería Iztacíhuatl.

Constantine

El mundo se estaba vaciando, teníamos que luchar contra Zombies, encontrar un libro que debíamos llevar a algún lugar. En algún punto, nos encerramos y Constantine nos salvó. Karina estaba en una casa extraña, creo que el niño también, ¿había uniformes de soldados? Los zombies eran geniales.